Saltar al contenido principal
MigaDulce

Cómo funciona el asistente

Qué puede hacer por ti el asistente de MigaDulce, de dónde saca lo que te dice y dónde van tus preguntas.

Para qué te sirve

El asistente conoce todas las recetas del sitio y todo lo que hay alrededor: qué ingredientes lleva cada una, cuánto se tarda, qué alérgenos hay, con qué endulza y qué se parece a qué.

Preguntarle sale más a cuenta que buscar cuando lo que tienes en la cabeza no es el nombre de un postre sino una situación: qué hay en la despensa, cuánto tiempo tienes, si tienes horno o qué no puedes comer.

  • Encontrar qué hacer con lo que ya tienes en casa, y qué te falta comprar para una receta más
  • Filtrar de verdad: vegano, sin horno, sin gluten y en menos de media hora, todo a la vez
  • Saber con qué cambiar un ingrediente que se te ha acabado, y hasta dónde funciona el cambio
  • Consultar qué lleva un postre antes de ponerte
  • Preguntar dudas de repostería que no son de una receta concreta: por qué se te baja un bizcocho o por qué no montan las claras
  • Llegar a una receta sin saber cómo se llama, que es cuando un buscador no ayuda mucho

Ni registro ni memoria

En MigaDulce no hace falta registrarse para nada, y el asistente no es una excepción: puedes preguntar sin dar ningún dato y sin crear ninguna cuenta.

Eso tiene una consecuencia honesta: no te recuerda. Cada conversación empieza de cero, no sabe quién eres, no ata lo que preguntas hoy con lo que preguntaste la semana pasada y no aprende de lo que le escribes. Dentro de una misma conversación sí sigue el hilo —puedes decir «¿y se puede congelar?» después de preguntar por una receta y sabrá de qué hablas—, pero al cerrarla no queda nada.

Es el precio de no pedirte nada a cambio, y nos parece el bueno: lo que no se guarda no se puede perder ni filtrar.

Un grafo de conocimiento, no un buscador de texto

Detrás del asistente hay un grafo que describe todo el recetario: 458 nodos y 6136 relaciones entre ellos. Los nodos son todas las recetas, los 119 ingredientes identificados, 22 técnicas de repostería, 12 familias de postre, 7 alérgenos, 16 utensilios, 9 secciones de supermercado, 4 formas de endulzar y 7 dietas.

Las relaciones tienen nombre: una receta USA un ingrediente, APLICA una técnica, NECESITA un utensilio, PUEDE_CONTENER un alérgeno, ENDULZA_CON fruta o edulcorante, es APTA_PARA una dieta y SE_PARECE_A otra receta. Eso es lo que permite contestar «algo vegano sin horno, sin gluten y en menos de una hora» recorriendo relaciones en lugar de adivinar.

El grafo lo construye un programa con reglas y diccionarios, sin ningún modelo de lenguaje de por medio. Es deliberado: un grafo hecho con reglas se puede auditar —se puede leer por qué una receta consta como «sin horno»— y no puede inventarse una relación que no está.

Las recetas no se las inventa. No puede.

El asistente funciona con inteligencia artificial, y eso es algo que te tenemos que decir. Pero el modelo de lenguaje no tiene el recetario dentro: cuando le preguntas algo, llama a una de ocho herramientas que consultan el grafo y el corpus, y la respuesta se construye con lo que devuelven esas herramientas.

Quiere decir que ninguna receta, ningún enlace y ningún título salen del modelo: salen de los datos. Si le pides una receta que no tenemos, lo tiene que decir en lugar de rellenar el hueco, porque no tiene de dónde sacarla.

Los enlaces que ves bajo una respuesta tampoco los escribe el modelo: los pone el servidor a partir de lo que han devuelto las herramientas. Un enlace generado sería un 404 con nuestra cara.

Los alérgenos no los contesta nunca el modelo

Es la regla que más nos importa. Ante cualquier pregunta sobre alérgenos o intolerancias, el sistema está obligado a consultar la tabla de alérgenos y a responder solo con lo que diga.

La respuesta lleva siempre cuántos ingredientes se han podido identificar, para que «no lo sabemos» no se confunda con «no lleva», y el recordatorio de mirar la etiqueta. Si tienes una alergia, la etiqueta del producto manda por encima de cualquier cosa que te diga el asistente.

Dónde van tus preguntas

El texto que escribes va a nuestro servidor y de allí a un modelo grande de lenguaje —un LLM—, que es quien redacta la respuesta. No le adjuntamos ningún identificador tuyo y no guardamos las conversaciones.

Ese modelo no es nuestro: lo lleva un proveedor de fuera del Espacio Económico Europeo, así que tu pregunta sale allí. Es una transferencia internacional en el sentido del capítulo V del RGPD, y quién es y dónde está lo tienes con nombre y apellidos en la política de privacidad. No escribas datos personales: para preguntar cómo se hace un bizcocho no hacen falta.

Los límites, y por qué están

El asistente es gratuito y tiene un tope: 20 preguntas al día por visitante y 2.000 al día en total. Cuando se llega a uno de los dos, te lo dice y el resto del sitio sigue funcionando igual.

No es por ahorrárnoslo: un servicio de IA abierto y sin límite lo vacía un script en una noche, y entonces no funciona para nadie. El tope global es lo que garantiza que esté mañana.

Lo que no hace

No da consejos médicos ni pautas dietéticas personalizadas. Si le preguntas cuántas calorías tienes que comer, te dirá que lo hables con un profesional, y hace bien.

No calcula calorías a ojo: te manda a la calculadora de cada receta, que pide las cantidades. Los motivos están en «Cómo lo verificamos».

Y se equivoca. En las preguntas de técnica de repostería que no salen de nuestros datos responde de su conocimiento general, como lo haría cualquier otro asistente de esta clase. Trátalo como el consejo de alguien que sabe, no como una verdad comprobada.

Última revisión: 2026-08-03

¿Alguna duda o algo que corregir? Escríbenos